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Apoyar un sueño

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Hoy nuestro post va dirigido a los padres y madres. Porque hay un momento duro en la vida en el que nuestras convicciones se pueden tambalear y es habitual que nos veamos en una situación que nunca pensamos que viviríamos. Y en Billy Elliot sabemos mucho de este complicado punto de inflexión en la relación con nuestros hijos. Creemos que podemos haceros reflexionar y también daros un rayo de esperanza. Porque de esperanza sí que sabemos en Billy Elliot!

Todo padre cuyo hijo o hija ha llegado a cierta edad (no necesariamente muy avanzada) ha pasado por un curioso proceso con respecto a los sueños del mismo. En el momento en que nacen y mientras son pequeños, estamos convencidos de que les apoyaremos en todo, que jamás cortaremos sus alas y que pondremos su felicidad por encima de todo, dándoles la libertad que quizá no tuvimos. O al menos así es, afortunadamente, en la mayoría de los casos, y son pocos los que se atreven siquiera a pensar, más allá de la broma, que tienen potestad para decidir la profesión o el camino que tomará en la vida su retoño. Si tenéis hijos pequeños, sabéis de lo que os hablamos, y seguís convencidos de que os mantendréis firmes en vuestro propósito durante el resto de su vida.

Pero, ¡ay! Llega el día en que tiene las ideas claras, y lo que nos dice nos lo esperábamos tan poco como un minero inglés de los años 80 se espera que su hijo, varón y destinado a la mina, le sorprenda con que quiere dedicarse a la danza.  Pensamos (no, no pensamos, sabemos con certeza) que nos da igual si es conservador o progresista, gay o hetero, músico o científico. Siempre nos tendrá a su lado. Pero lo que quiere es ir a jugarse la vida para estudiar las mambas negras en un desierto en la otra punta del mundo, o dedicarse a la meditación, o renunciar a todo para conseguir el récord mundial de ese deporte que aún ni siquiera ha empezado a practicar.

Y por ahí no pasamos. “¡No, hombre, yo entiendo todo aquello que tenga sentido, pero eso es una locura!” Para. Respira. Una locura es querer salir del ambiente retrógrado de la mina para convertirse en bailarín profesional. ¿Y qué sientes al ver cómo Jackie Elliot claudica y se rinde a la pasión de su hijo? ¿No se te eriza el vello al comprobar cómo acepta y apoya lo que jamás se imaginó? ¿No te sientes identificado y piensas que en su lugar no habrías dudado en hacer lo mismo? Tu hijo puede ser un loco. También lo es Billy. ¿Qué importa? Nació para tenerte junto a él fuera como fuera, y quién sabe, quizá también nació para esa locura.

Ahora tú eres Jackie, y te toca demostrar aquello de lo que estabas tan convencido. Piénsalo. ¿Vas a tener el valor que él tuvo? ¡Ánimo para ti y para tu pequeño loco!

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