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Así es la Navidad en Easington


Se acercaba la Navidad. Así que tendríamos que estar contentos… ¿no?


Y sin embargo, ¿qué era esa pena que nos invadía en Navidad? ¿Por qué en ese momento, si nos habían enseñado que esa era una época de felicidad y alegría?

Quizá porque también nos habían enseñado que en esas fechas había regalos, familias unidas, cenas y comidas especiales, villancicos y vacaciones. Pero es que nosotros no teníamos nada de eso. Como mucho, teníamos frío. Y hambre, pero no nos esperaba un pavo alrededor de una mesa decorada. Y también teníamos vacaciones, pero eran forzosas. Algunos de los moratones que lucíamos en nuestro cuerpo y el vacío de nuestros bolsillos lo demostraban.

Pero estaba ese chiquillo del barrio, Billy. A él parecía darle igual la época del año, a él le salía la música de dentro. Se ponía a bailar y parecía que se le olvidaba todo. Pero no tenía futuro. ¿Cómo iba a tenerlo, si nació para la mina y la mina se estaba acabando?

Aunque él seguía, no había quien le frenara. Un día se quiso ir a Londres a estudiar para hacerse bailarín profesional. ¡Bailarín! A su padre casi le da un ataque cuando se enteró, claro. Pero ahí estaba, apoyándole. Claro, que él solo… poco podía hacer.

Así que de repente a alguien se le ocurrió dar lo que tenía. Lo que tenía, como os podéis imaginar, era casi igual que nada. Casi. No era igual. Porque al cabo del rato otro también aportó algo, y de repente todos nos vimos juntando monedas para que este chico cumpliera su sueño. Puede que fuera en ese momento cuando surgió la magia. O puede que fuera la Navidad, que al final es más fuerte que la pena. Pero está claro que pasó algo, y que lo cambió todo.

Entonces sí que llegó la Navidad. Porque no había regalos caros, pero cada uno se encargó de sacarle una sonrisa a otro con algo especial. Y no había manjares, pero estábamos todos juntos alrededor de la mesa, bebiendo y comiendo lo que teníamos, que nos sabía como nunca. Y claro que hubo villancicos, aunque se los tuviéramos que dedicar a la Thatcher. Ese día fuimos más fuertes que ella. Y más felices.

Porque la magia llega a todos sitios. Solo tenemos que saber buscarla. Y nosotros, esa Navidad, sin nada, la encontramos. Y lo tuvimos todo.

BIG DAVEY

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