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El vestuario en Billy Elliot un año después


Un año después del estreno, el vestuario de Billy Elliot ha evolucionado de una forma coherente, ajustándose a las necesidades que han ido surgiendo durante el rodaje diario de la función.

 

En lo relativo al vestuario, esta evolución es significativa ya que el elenco está compuesto por 60 niños que no paran de crecer y evolucionar también. Por ello, nos hemos sentado con Ana Llena, directora de vestuario, para que nos cuente cómo ha sido el proceso.

¿Cosas que habías tenido que cambiar porque una vez en el rodaje del musical era necesario hacerlo de otro modo?
Todo se resolvió antes de estrenar el musical, durante los ensayos, así que no hemos tenido que realizar adaptaciones del vestuario o de lo que teníamos pensado desde el inicio. Por ejemplos los tutús rojos del número de Brillar se tuvieron que modificar frente a la idea original, porque el cambio de vestuario era tan rápido que exigía otro tipo de tejido mucho más flexible y era necesario aligerarlo para que las niñas tuvieran tiempo de realizar el cambio en 30 segundos.
Otro ejemplo : Los trajes de los cabezudos también sufrieron bastante modificaciones antes de estrenar para poderlos colocar de manera rápida. Tienen muchas piezas añadidas y supletorias para que los actores puedan bailar con las cabezas tan grandes sin perder el equilibrio.

¿Han funcionado los colores y tipo de ropa que se eligió para la obra?
Pienso que sí, al final el vestuario es el adecuado para la obra, para la estética, para la historia y el contexto. En definitiva se trata de crear un universo creíble y ubicado en algún lugar y en alguna época, y creo que está conseguido. Ha sido un vestuario coherente y a la medida de cada personaje y de la función.

¿Son los mismos que en Londres?
El vestuario parte del versión de Londres, y parte del mismo contexto, los años 80; pero los personajes están tratados de manera individualizada y diferente, atendiendo a los roles que planteó David Serrano, con diferencias entre unos mineros y otros: uno más agresivo, otro más joven, otro más mayor, otro más rural, etc…
Cogimos el tono de Londres, pero fuimos de la mano de lo que marcó David para cada uno de los mineros, su status, su vida personal, y adecuamos el tono al invierno inglés, la falta de color, el aspecto de humedad en el ambiente, gorros, abrigos, colores grises. Londres fue una referencia.

¿Tiene cada personaje un color?
No, tratamos todo el rato de que la sensación de los mineros fuera un color “un poco sucio” porque ayudaba a la atmósfera general; y según avanza la obra, como se van empobreciendo, van perdiendo color. Excepto en Navidad que metimos más alegría, más brillos y más “glamour”.
Mientras que en los momentos de fantasía metimos muchísimo color, como en Brillar, los tutús y el vestuario de Wilkinson, y en el número de Michael y los cabezudos. En general, en los momentos de fantasía hay más brillo y más color.
Los personajes individuales (los protagonistas) son diferentes respecto a Londres.
Natalia, para el personaje de Wilkinson, tiene un carácter muy diferente al personaje del musical de Londres y de la película, y adaptamos todo para ella, para que Natalia y Wilkinson encajasen a la perfección. Hicimos nuestra profesora, llena de ternura, elegancia y frustración.
El personaje del padre también es diferente a Londres y a la película, el tono de Carlos Hipólito es distinto al de los otros actores, adaptamos el vestuario a la versión de Carlos de Jackie Elliot, trabajamos mucho con él mano a mano para generar la imagen de minero padre de familia.

Tras un año, ¿qué prendas son las que más quebraderos de cabeza te han dado?
Tuvimos que dar muchas vueltas con el vestuario de las niñas, porque todo el vestuario se diseñó en verano y teníamos que conseguir ropa de invierno, así que tuvimos que mezclar vestuario de ahora con el estilo de los 80. Nos habría gustado poder generar el vestuario en invierno para tener acceso a la moda invernal, pero tuvimos que usar la creatividad para generar sobre todo la ropa de exteriores para todos los actores.
El vestuario de cada personaje, ¿cuenta algo de él? Los colores, el estilo… Incluso personajes como el esquirol o las mujeres.
Cada prenda cuenta algo de su personaje, parece todo casual, pero está todo pensado para el imaginario de Easington, las características de cada una están definidas en bambalinas, y en función de su vida, su actitud, su personalidad, la ropa cuenta algo de cada uno de ellos. Actúan como grupo y de cara al público son una unidad, pero están tratados individualmente.
Por entrar en algún detalle, David Serrano y yo decidimos ponerles camisetas de fútbol a un par de mineros, que les contextualizasen en su estilo y su personalidad. Fue difícil localizar dos camisetas de fútbol de 1984: la Selección Nacional de Inglaterra y la de Liverpool, las dos únicas selecciones de la época, y son auténticas de los 80. Un detalle más para remarcar el contexto histórico-social que aporta credibilidad y variedad a los personajes y al ambiente de la obra. Finalmente por otras razones este detalle no llegó a verse en el vestuario final, pero estaba calculado originalmente así.
Las mujeres también han sido tratadas individualmente, se ha ido creando su estilo propio y personal a través de sus actrices y sus decisiones para adecuar a sus personajes.

Un año después, ¿tu trabajo en Billy Elliot continúa? ¿cómo?
Seguimos en contacto para cualquier cosa que pueda surgir, pero actualmente este trabajo es perfecto y coherente y va rodado con el musical.

Ahora que ya se ha puesto a prueba todo el vestuario, ¿qué es de lo que estás más orgullosa?
Lo que nos hace sentirnos más orgullosos es la sensación de que Billy Elliot es un montaje muy coherente, cohesionado, donde todo va junto y de la mano. Hay mucha unidad entre todo el equipo técnico y creativo: vestuario, escenografía, caracterización, etc.

El vestuario en Billy Elliot un año después
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