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Funciones previas – Michael, la puerta abierta

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El contrapunto perfecto.

Si hay un personaje que es realmente libre, que no teme volar, cuya verdadera jaula no es él mismo, es Michael.

Michael vuela, Michael brilla, Michael sabe lo que quiere, solo necesita la oportunidad y la cogerá con las dos manos, con los dos pies y con un vestido de satén para ir a otro lugar donde pueda ser él mismo.

Michael ve la normalidad en todo lo que te haga sentir bien, a Michael no le importa la normalidad, le importa la felicidad, le importa la libertad, y no le importan los demás, solo Billy.

Ya hemos visto como Billy es la salvación del resto de los personajes de la obra. En el caso de Michael, hay una retroalimentación vital. El mejor amigo de Billy, le apoya, le empuja, le invita a soñar, a volar, a seguir, y al mismo tiempo Billy abre la puerta para él, Londres ya no solo es un sueño, es una realidad, y aunque no cabe duda de que Michael sabrá salir a golpe de claqué y de fular, ya tiene a Billy fuera, ya tiene un punto de referencia para él mismo.

Cuando Billy le cuenta que hace ballet, se ríe un poco, le saca vestidos para compartir su propia pasión y su forma de ser, y es un momento único. Sin Michael, tal vez Billy hubiera rechazado el ballet, pero con Michael, brillan juntos en un número espectacular, un punto álgido del musical, donde Billy se ilumina con la luz de Michael. Michael le enciende para que pueda brillar por sí mismo, y lo consigue.

Michael es la aceptación, la amistad, la solidaridad, el apoyo de un igual y el impulso. Porque en un pueblo perdido de la Inglaterra de los 80, ambos tienen la necesidad de salir, de vivir y de ser ellos mismos sin barreras.

¿Qué eres, Billy?

Bailarín.

 ¡¿A quién coño le importa lo que yo quiera hacer?!

¡O ser quien quiera ser!

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