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‘Solo yo le puedo ayudar’

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‘Pasaron ya mil años, yo solo era un chaval, creía en el futuro, soñaba con triunfar. Pero eran tiempos duros, me puse a trabajar, y bajé a este pozo gris…’

Jackie Elliot, ese hombre minero, rudo, abandonado, huraño, hundido… Solo.

No le puedes comprender hasta que llega su momento, su canción. Tras haberle odiado intensamente, tras sentir que es un lastre para su hijo, llega la compresión, la empatía, el dolor al desnudo.

El papel del padre de Billy es un papel inmenso, difícil de sostener, difícil de hacer creíble en lo cómico.

No podemos deciros cómo es el padre de Billy Elliot separado de Carlos Hipólito, porque ha devorado y consagrado el papel a un nivel en el que ya son uno. La ternura, la dureza, la tristeza y la comicidad del hombre que está fuera de lugar pero que lucha por su hijo, es un cóctel que solo un actor muy grande puede llevar a cabo.

Durante la obra pasas de no entender al personaje del padre, a perdonarle por todo, todo tiene sentido, él ha encontrado su camino y tú también, a su lado. Así que vuelves a la mina y la huelga ya no importa, lloras delante de todos y te olvidas del orgullo porque lo único que queda es luchar por ‘mi Billy’, porque es la única lucha que puedes ganar, en la que puedes esforzarte, en la que puedes apoyarle para salir victorioso, porque te reconciliarás contigo mismo, porque es el único modo de volver a estar al lado de Sara, apoyándole como ella lo habría hecho.

Y Carlos Hipólito te lleva por todo esa amalgama de sensaciones y sentimientos con un fluir tan natural, que te has vuelto fan del padre sin parpadear, que al que quieres salvar es a él, que quieres que Billy baile por él.

Señor Elliot, ¿es usted aficionado al ballet?

Mucho ojo con las mentiras, porque por rudo que parezca, claramente Jackie Elliot sabe apreciar que Billy tiene futuro como bailarín.

No hay personaje de esta obra que no vaya a conquistarte.

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