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Escuela Billy Elliot


BILLY ELLIOT es uno de los musicales más difícil de ser puesto en escena porque sus principales protagonistas son niños. Niños con un grado de talento y cualidades personales y artísticas extraordinarios. Con edades comprendidas entre los 8 y los 13 años, en pleno proceso de crecimiento, y enfrentados a los cambios que acompañan a la metamorfosis adolescente.
Si para llevar a cabo la película fue necesario contar con tres maravillosos actores que representaron los papeles de Billy, Michael y Debbie, la puesta en escena teatral exige un mínimo de tres niños para cada uno de estos papeles. Billy tiene que ser un gran bailarín, y no solamente de clásico. Debe de tener voz blanca y cantar muy bien.
Para atender semejantes exigencias con el nivel de calidad requerido, SOM Produce ha asumido la tarea de convocar, seleccionar y becar la formación de los niños que reúnan las condiciones artísticas y personales necesarias y que – junto con sus padres y tutores – piensen que formar parte del elenco de BILLY ELLIOT El Musical les hará más felices y contribuirá a su desarrollo personal y profesional. Es la Escuela Billy Elliot, dirigida por Carmen Roche y Víctor Ullate.

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VÍCTOR ULLATE ROCHE:
“Todo comenzó cuando los productores ejecutivos Juanjo Rivero y Marcos Cámara junto a David Serrano, vinieron a Scaena para hablarnos de un proyecto de futuro a no muy largo plazo.
Lo tenían muy claro desde el principio: contar con una formación profesional rigurosa y de prestigio como la de nuestra escuela podría colaborar en darle a su proyecto una calidad superior. Cuando mencionaron el título del espectáculo captaron completamente mi atención”.
“Billy Elliot. El Musical”
Había tenido la suerte de ver el show en Londres unos años atrás. Suerte porque tuve la oportunidad de ver uno de los espectáculos más bellos que recuerdo. La historia, la ilusión de ese niño al que su familia no comprende su necesidad de bailar. Ese padre que al final se da cuenta de cómo está destrozando la vida de su hijo por no apoyarle en su sueño y que enmienda el error sin saber muy bien cómo hacerlo. Y con todo el amor hacia él le lleva a Londres a audicionar para la escuela del Royal Ballet. La relación del niño con su abuela y con su amigo Michael, y el recuerdo de esa carta escrita por su madre y que se le aparece cuando él más la necesita.
Salí del teatro embriagado de emociones. Tocó en mí los mecanismos más emocionantes que una persona pueda experimentar. Estuve más de un mes hablando de aquel acontecimiento.
Desde ese momento la conversación con Juanjo, Marcos y David entró en otra dimensión. Me enorgulleció que quisieran contar con Scaena. Y no pude negarme ante la tentación de formar a esos niños para el musical. Y aunque sabía la dificultad y el trabajo duro que conllevaba decidimos embarcarnos en el proyecto con toda la ilusión.
Debíamos empezar la formación lo antes posible si queríamos llegar a tener preparados a los protagonistas. La danza clásica -que es la que predomina en este espectáculo- requiere de un control muy riguroso del cuerpo. Muchas horas de esfuerzo y dedicación.

 

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El casting. “Buscando a Billy”
Sabíamos que era difícil encontrar a Billy. Necesitábamos niños que reunieran condiciones físicas, coordinación, oído musical, inteligencia para asimilar correcciones… y sobre todo que tuvieran soltura y valentía para enfrentarse al público.
Les pedimos que prepararan una corta variación de un minuto para que pudieran mostrar sus habilidades. Empleamos dos días para hacer la primera selección. Escogimos a 35 niños de entre 200. Tengo que reconocer que me sorprendió ver a tantos niños con talento en la audición. Por desgracia, en nuestro país todavía existen muchos prejuicios acerca de que los varones se quieran dedicar a la danza. A los pocos días de hacer el casting, comenzamos el primer periodo de formación.
Para los padres fue un reto, sobre todo para los que eran de fuera de Madrid: implicaba un traslado, cambiar de colegio y residencia, y que un tutor pudiera estar con ellos. Desde el primer momento entendieron que era una oportunidad única para sus hijos: se beneficiarían de una formación completa y de calidad, y les verían en escena, cumpliendo su sueño.
La primera labor como escuela era conocer bien a los niños. Ver sus capacidades y sus límites, y también ponerlos a prueba para ver el grado de implicación que estaban dispuestos a ofrecer. Al mismo tiempo, asentar una base lo más sólida posible para poder cimentar bien la sujeción del cuerpo.
Al final de este ciclo, hicimos una segunda selección. Fueron 17 niños los que continuarían la formación, pasadas unas cortas vacaciones de verano. Al regresar de los días de descanso y tras poner de nuevo a los chicos en forma, continuamos el proceso de formación; al cabo de unos meses teníamos claro qué niños interpretarían a Billy y cuáles a Michael. Completamos la formación a petición del director con diferentes estilos de interpretación, como la improvisación, clown, trabajo de escenas y textos… También impartimos clases de acrobacia y comba, y trabajamos al detalle en ballet y canto. Identificamos las necesidades de cada niño y empezamos a trabajar de una forma más individual.

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Mi experiencia con los “Billys”.

La formación en ballet siempre ha estado supervisada tanto por mí como por mi madre, Carmen Roche. Años de experiencia al servicio del proyecto han permitido que los niños recibieran las correcciones precisas para seguir creciendo y poder enfrentarse a un reto tan difícil como este.
Hemos tenido en cuenta, además, el factor psicológico: son niños y como tales no se les puede exigir como a un adulto. Tenemos que buscar la forma de motivarles para que la evolución siga su curso. Es muy emocionante trabajar con ellos: tienen una inteligencia fuera de lo común, asimilan las correcciones a la perfección y tienen un afán de superación que les convertirá el día de mañana en grandes artistas. Cada vez estoy más convencido de que el público va a disfrutar muchísimo con ellos.

Todavía queda mucho trabajo que realizar, pero es increíble lo importante que es la motivación y la ilusión del equipo, los niños y los padres para conseguir en un tiempo récord los resultados que hemos logrado. Seguiremos trabajando para conseguir la perfección: el espectáculo lo merece.

Agradezco a SOMProduce toda la confianza que ha depositado en mí y en Scaena, y su buen hacer para llevar a cabo este magnífico proyecto.

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Escuela Billy Elliot
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2 Comentarios
  • luis
    Posted at 11:24h, 01 octubre

    Por suerte para los que lo disfrutamos desde la butaca, el trabajo a dado sus frutos. Gracias

  • Lídia Chillarón
    Posted at 14:33h, 01 febrero

    ¿Está escuela es solo para los que optan al papel de Billy y su elenco? ¿O también está abierto para todo quién quiera formarse profesionalmente en esas disciplinas y no pertenezca al musical?
    Gracias por la atención,

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